Se abre una puerta más. Tras ella, algo mágico. Tras ella un completo desconocido me sonríe alegre. Él sabe de mí. Él sabe de mi historia porque hace ya unos días hablé con su padre en otra puerta, en otro edificio, en otra calle de la ciudad. Su progenitor, aquel día, me escuchó atento. Él era lector y según me ha comentado Jorge, (así se hace llamar) y su padre, hablaron en su día sobre mí y mi trayectoria. ¡Qué bueno! Me invita a pasar, me hace saber que quiere el libro. Hablamos sobre literatura y sobre la manera peculiar de hacerme llegar a mis lectores. Para mí resulta fantástico encontrarme cada día con más personas que conocen mi proceder. Luego de ello voy por la calle para dirigirme hacia un nuevo portal. Un chico me para - ¿Tú eres el escritor?-, me pregunta....