lunes, 1 de abril de 2019

Irune, poeta callejera

Irune, colmando sus letras en el papel
Aquella tarde de sábado, una chica, tras conocer que yo era el autor del libro que llevaba entre sus manos, se acercó con el objeto de saber más sobre la poderosa pregunta de su portada. 

Era un 23 de marzo en Santurtzi. Ainara, la ilustradora, y yo, atendíamos el puesto en el que exponíamos nuestras obras, esperando a que el taller infantil de ilustración diera comienzo en el evento Van sobre ruedas.

Fue ahí cuando hablamos sobre los motivos que me llevaron a editar aquel ejemplar. Le expliqué que yo acostumbraba a moverme por diferentes ciudades, entablando conversaciones con la gente para dar a conocer mis obras. Aquella delgada chica vestida de negro, con ojos brillantes, comenzó de inmediato a recitar una de sus poesías. Ella declamaba rápido. Ofreciendo, en ocasiones, paradas entre sus versos y dando a entender que llevaba muchos años haciéndolo.
De primeras, su deslustrado aspecto te hacía pensar que la mujer llevaba tiempo viviendo en la calle. Que, en definitiva, la vida le había tratado mal. Pero sus ojos seguían brillando cuando hablaba de literatura. Cuando soltaba títulos de libros leídos. Cuando me preguntaba sobre mis obras predilectas, cuando recordaba pasajes pretéritos y entendía que hacer vibrar a las personas al recitar sus poemas, a cada momento se hacía mucho más pesaroso. Pero ocurría. ¡También había veces que la gente le escuchaba!
  
Luego miró una vez más al puesto.

-¿Dónde puedo conseguir uno de tus libros?

Le miré a sus ojos. Estos seguían mostrando una triste sonrisa. Sin embargo, ese brillo continuaba siendo auténtico.

-Aquí -expuse aproximándome a la fila de ejemplares- ¿Cuál es tu nombre? -continué sacando el bolígrafo. 

Aquella mirada se iluminó aún más cuando tomó el libro ¿Y por qué no? con sus manos. 

-¿Para mí?

-Claro. Es tuyo. 

Luego de despedirnos, el soleado día continuaba con su dinámica. Algunos lectores se interesaban, con sus peques, por los libros infantiles. Otros curioseaban por el puesto. Muchos accedían a los food trucks con el fin de hacerse con alguna que otra sabrosa hamburguesa, menús variopintos, cafés y dulces por doquier. 

No pasó mucho tiempo más hasta que Irune regresó. Me comentó, con cierto entusiasmo, que había comenzado con las primeras páginas del ejemplar que le había regalado.

-¿Tenéis un boli y un papel? -preguntó sonriente- quiero regalarte unas palabras.

E Irune se sentó en unas escaleras contiguas y escribió lo que sigue:

¿Y por qué no?
Si todo es tan simple como dejarse llevar. 
¿Creéis en la casualidad?
Hoy he llegado al pueblo donde nació mi amado aita
El cual partió hacia la paz
pero se quedó dentro de mí, su pequeña guerrera...

Eres verdad...(¡Ostias!)
Me has devuelto la ilusión, creo que empecé a escribir
para poder llegar hasta ti (vosotros).
Para poder entender que la belleza habita en nosotros
pero dejamos que el miedo sea más grande
que nuestras ganas de liberar esos gritos silenciosos que 
guardamos en secreto. 

El camino, largo, bello y doloroso, vale la pena 
solo por haberte conocido.
Por amor seguiremos en pie. 
Libres, locos, verdaderos...
Porque muchos nos oyen, pocos nos escuchan.

Por esos que valoran nuestros necesarios susurros, 
seguiremos disparando las palabras que tanto 
asustan escuchar. 

Gracias, de corazón. 

Porque de diez mil rechazos, hay un pequeño locuelo
que nos da una lección de amor, libertad y dulce locura.

Sabía que en algún lugar existías. 
Gracias. 
Irune.


¿Os lo podéis creer? ¡Menudo regalazo!
Aún pugnan mis lágrimas por brotar, al escribir esta entrada y releer sus vocablos.


Hagamos caso a Irune; que bien merecerá la pena. Sus palabras lo dicen claro, pero mucho más lo hace el brillo de sus ojos:

Fuera prejuicios. Mirémonos al interior. ¡¡Ostias!!




Por esos que valoran nuestros necesarios susurros, 
seguiremos disparando las palabras que tanto 
asustan escuchar. 

Irune.
 Poeta de la calle




6202700






lunes, 25 de marzo de 2019

Un libro por una canción

El pasado jueves 21 de marzo quise viajar a Santurtzi con el fin de dar a conocer mis libros a los habitantes de ese famoso municipio de Bizkaia.

Un poco también porque el fin de semana formaría parte del evento Van sobre ruedas y por conocer a nuevos lectores en el municipio.

Viajé en metro porque todavía me produce gran curiosidad sumergirme entre las actitudes de los viajeros y esa era una nueva y buena oportunidad de hacerlo.

Así pues, aquella mañana en el vagón con destino a esa famosa localidad pesquera, los semblantes pesarosos de los pasajeros continuaban ofreciendo su siniestra rutina. El metro viajaba sobre los raíles, con su peculiar bailoteo y ese rumor ambiguo que tomaba cierta velocidad para perderla en las proximidades de las estaciones. Es algo que, como vecino de una ciudad modesta, once mil habitantes, me produce cierta..., no voy a decir lástima -que también- pero, a su vez, gran curiosidad.

Cada vez que viajo a ciudades importantes aprovecho la ocasión y me desplazo en el suburbano. De uno de esos viajes germinó la historia "Sé que me ves", mi novena y próxima publicación.
Me alegro de haber creado la historia porque esos semblantes grises, esa hermética individualización y esas prisas neuróticas, me confirman y mucho el mensaje que se puede extraer tras su lectura.


Y sin embargo, aquel día, algo, felizmente, rompió esa rutinaria dinámica.

En los asientos cercanos a mi posición se acercó un hombre de mediana edad, con rasgos sudamericanos y tez morena. Él portaba una guitarra enfundada en su espalda. Pero no tomó asiento. En vez de ello sacó la guitarra y, tras unas palabras con las cuales solicitaba permiso y cierta atención, comenzó a rasgar las cuerdas de su instrumento para amenizar el trayecto. 

Por lo que pude observar, la gente, pese a sus canciones, se inmiscuían, casi molestos, un poco más si cabe en las rutilantes pantallas de sus dispositivos. Yo no pude hacer más que torcer el gesto. Tanteaba actitudes. Era curioso. Desde que me licencié en sociología, a menudo suelo encandilarme con esos pequeños quiebros sociales. El hombre estaba realizando uno en toda regla. El sujeto inquietaba a los pasajeros y lo hacía con su arte, con su música, con la cultura. ¿Quién era él para importunar al pasaje? Era la  pregunta que bailoteaba en el aire, pero nadie movía sus labios para inquirir.
A mí, como escritor errante y acostumbrado a hablar con mis lectores durante más de siete años por diferentes ciudades, me pareció genial esa actitud, esa valentía, esa apuesta por la música. El tipo, todo hay que decirlo, lo hacía bien.

Los segundos pasaban y la música dejaba en segundo plano el runruneo de las ruedas al friccionarse con los raíles. En una de estas, ni corto ni perezoso, metí la mano en el morral que suele acompañarme y saqué uno de mis libros. Fue ahí cuando el bolígrafo comenzó a bailar al ritmo de aquellos acordes sobre la primera página de mi sexta publicación:  ¿Y por qué no?

Las lineas decían lo que sigue:

Para y por la cultura. Que no decaiga. Rumbo a Santurtzi. 
21-03-19 abrazo correspondiente y firma de un servidor. 

Cuando concluyó con sus temas, el tipo, humildemente, solicitaba voluntades y, allí, en ese escenario de herméticas individualidades nadie movió una ceja. Sus miradas seguían clavadas en las pantallas. Al acercarme, le expliqué que yo era un escritor que hacía llegar mis libros a la gente, también de forma directa.

-Supongo que lees -pregunté.

-Sí -titubeó.

-Es tuyo -expuse.

Una sonriente chica se aproximó.

-Daban ganas de ponerse a bailar -dijo terciando en la conversación.

Luego de interpretar que un escritor obsequiaba con su libro a un músico que había amenizado el viaje con sus temas, decía:

-Estoy alucinando...

Y aquel entrañable quiebro social se estableció en aquella jornada de la poesía en uno de los vagones del metro dirección a Santurtzi.

Gracias por tus canciones, músico errante.

Seguiremos haciendo gala de los bienes culturales porque, pese a que son muchos los que no lo quieren ver, son estos los que dan sentido al camino.




"Que ser valiente no salga tan caro, 
que ser cobarde no valga la pena"

J. Sabina




6202700






lunes, 4 de marzo de 2019

Últimos trueques literarios

"Letras sin voz" de Itxaso Corrales Betanzos
Hace bien poco leí un artículo cuyo título no nos debe dejar indiferentes. Creo que el texto merece la pena y es por eso por lo que lo incluyo en esta entrada. Es el que sigue:


De su lectura se desprende que el hábito de leer es una de las formas más efectivas de obtener y generar conocimiento. 

Pero muchos sabemos que también hay otras cosas que merecen ser nombradas y que refuerzan este hábito al que, por lo que se entiende, cada vez tiene menos adeptos. Todo da lugar a que a cada momento seamos menos conscientes. Llegará un momento en que actuemos como autómatas y las luces de nuestros cachivaches nos señalarán el camino.

Porque no se debería dejar de lado un buen hábito, como es el sentarse en tu lugar predilecto para poder pasar las hojas a la vez que te tomas un café caliente un día de invierno. Sí, huyendo de las pantallas. También hay que hacerlo. A veces es necesario utilizar el tiempo tocando el papel, oliéndolo, disfrutando de una historia en la que anhelas sumergirte, y pretendes que no termine. Y, cuando al fin lo hace, colocar el relato en la estantería de relatos leídos y elegir una nueva historia en la estantería de historias por leer. Eso, a mi entender, sí es aprovechar y disfrutar el tiempo. 

Por mi parte, tengo que decir que en estos días he disfrutado de la lectura, quizá un poco más. En el sentido en el que he vuelto a conocer a dos nuevas autoras que me abrieron la puerta cuando iba dando a conocer mi sexta publicación en la ciudad de Vitoria.

Recuerdo que fue hace unos días cuando, aquella bonita tarde de febrero, me abrió la puerta una chica menuda. Ella llevaba el teléfono en la oreja y mantenía una conversación. Ante mi pregunta de que si podía hablar, ella puso un momento su atención en mis palabras y descubrió que era un escritor el que había llamado a su puerta.

-Estoy concluyendo un contrato -dijo en voz baja -vuelve en diez minutos.

Y tras diez minutos de buscar lectores volví. Itxaso, apurada, me hizo entrar.

-Pasa -decía con el teléfono todavía en su oreja -no te quedes ahí.

-No quiero importunar. Únicamente busco a gente que le guste leer.

-Que sí, que sí, pero pasa que acabo enseguida.

Pasé. Esperé sentado en su salón observando cómo un perro me ladraba tras el cristal de la puerta del balcón y con ganas de que aquella chica, supuestamente lectora, me hiciera algo de caso.
Itxaso ponía caras a la operadora. Resoplaba. Incluso daba saltitos de impaciencia. Tenía ganas de acabar de escuchar los pormenores de su nueva póliza. Ella a todo decía que sí.
Finalmente colgó el teléfono.

-¡Por fin! -dijo dando un gracioso salto a la vez que presionaba el botón rojo. -Así que eres escritor -continuó con una sonrisa-. Yo también escribo.

Y tras esa buena sorpresa, entendí por qué la mujer quiso escucharme.

Ella me hizo saber que había publicado dos poemarios. El último "Letras sin voz" que me regaló al adquirir ¿Y por qué no?

Hablamos durante largo rato sobre sus actuaciones en diferentes eventos poéticos, sobre su experiencia con las editoriales y un largo etcétera. Entonces tras esa buena conversación, proseguí con ánimos renovados al despedirnos.



"Cuando maduren las uvas..." de Rosa Jiménez
Y ocurrió otro día en la misma ciudad cuando Rosa se sorprendió también al saber que un escritor promocionaba sus obras de esa manera tan poco convencional:

¡Hablando con la gente!

La mujer, tal y como me indicó, también escribió una historia hacía ya algún tiempo y me propuso hacer un trueque. 

Como sabéis, acepté encantado. Porque sé que, poner cara a la persona que escribió esas líneas, supone un añadido a la lectura. Un nuevo goce que te hace disfrutar de este hábito deslustrado en los días de las prisas y del inconsciente encauzamiento.


Dar forma a una historia no es tarea fácil y, en ocasiones, he descubierto en mi deambular buenos relatos que bien han merecido la pena.

Todo un lujo del que ni en bromas quiero prescindir. 

Y es así por lo que continúo de esta manera. Escribiendo, dando a conocer mis obras, hablando con lectores, encontrándome en ocasiones con autores, publicando, escribiendo, leyendo, leyendo y leyendo...

En mi opinión hay que hacerlo, sino todos los días, siempre que tengamos ocasión. Hay que buscar el tiempo para sumergirte en un hábito que debería ser imprescindible para cualquier persona. Porque a fin de cuentas es un hábito que ayuda a romper límites y amplía la mente.

Me apena leer artículos como el citado arriba, pero la experiencia me dice que no todo está perdido. Itxaso y Rosa, estas dos lectoras y autoras me lo han demostrado en estos últimos días.

Gracias Itxaso y Rosa por ayudar a dar forma a esta historia. 



"Adquirir el hábito de la lectura, 
es construirse un refugio ante 
casi todas las miserias de la vida"

W. S. Maugham



La editorial me indica que a finales de semana recibiré las pruebas corregidas y que es probable que en el mes de abril la obra pase a imprenta.
Iré informando. 





                                                                       6202700



martes, 12 de febrero de 2019

Solo podía ocurrir en La Rioja

Un obsequio repentino
Sucedió un miércoles cualquiera de una semana del mes de enero en el bonito municipio riojano de Navarrete.

Esta curiosidad hacía tiempo que quería contarla porque no todos los días suceden cosas como la que sigue:

Aquella fría mañana de principios de año nos encontrábamos Pedro, un señor al que le pillé leyendo, y yo, mientras le explicaba en el rellano, la forma en que había decidido dar a conocer mis obras. Este señor mayor escuchaba con atención mi relato cuando, en una de éstas, apareció de pronto un familiar que ascendía gradualmente por las escaleras.

-Buenos días, Pedro -dijo en alta voz, interrumpiendo la conversación-. Vengo a llevarme el depósito, a ver si tengo los huevos para subirlo al remolque.

El caso es que, antes de interceder al llamamiento y en el curso de mi explicación, David, que así se llamaba el sujeto, nos hizo saber que él no tenía tiempo para leer. Que no le daba la vida para ello, entre el trabajo, los niños y demás cuestiones.

Entretanto, Pedro, como buen lector, ya se había interesado por mi proceder, intrigado por ese volumen y decidió adquirir sin mayores preámbulos un ejemplar dedicado de mi sexta publicación ¿Y por qué no?

-Si quieres te echo una mano y entre los dos lo subimos -expuse a continuación dirigiéndome a David. Entendí que el depósito se hallaba en la vivienda, por lo que no debía ser muy grande y pesado. 

Pero, para mi sorpresa, no fue así. Luego de aceptar mi ayuda, los tres descendimos las escaleras para acercarnos a un amplio garaje que lindaba con el portal. David, una vez que hubo abierto el portón metálico, acercó su furgoneta con el remolque. 


Y entre gran cantidad de bártulos, allí se encontraba el susodicho depósito de gasoil con una capacidad de unos mil quinientos litros, que alimentó durante años la caldera del piso superior. Al parecer estaba vacío y no había siquiera que desmontarlo, tan solo subirlo al remolque. 

-Colócatelos, que el gasoil mancha mucho -sugirió David al ofrecerme unos guantes de silicona que sacó de una caja dispensadora.


Y fue entonces como, entre David y yo -Pedro, debido a su edad, estaba algo limitado en movimientos aunque también hizo sus indicios por ayudar- alzamos el voluminoso recipiente al remolque.

Tras el esfuerzo, David se alejó y abrió una de las puertas de su vehículo. Al cerrarla, entre sus manos, portaba una botella de vino.

-Y como es de bien avenidos ser agradecidos, te llevas esta botella- expuso con una sonrisa.

Para mi asombro, él me obsequiaba con un botella de vino "Aimarez". Una bodega de la localidad alavesa de Labastida.

Yo agradecí el gesto y, una vez de despedirme de la singular pareja, comencé a deambular por las calles del municipio riojano para continuar hablando con más lectores. Porque... ¿quién sabía lo que me iban a deparar las siguientes puertas?

Tal y como indica el título de esta entrada, son cosas que solo podían ocurrir en La Rioja.




"Dos caminos divergían en un bosque
 y yo tomé el menos transitado;
y eso lo cambió todo"

Robert Frost





6202700






miércoles, 30 de enero de 2019

Con E-mocionado en Santos Ochoa

Ayer me decía Vanesa, psicóloga y colaboradora en el programa de radio Cadena Ser Ganas de Vivir:

-Fíjate Sergio, cómo son las cosas. Si en aquel entonces, cuando llamaste a la puerta de Isabel, ella no te hubiera atendido, seguramente no nos habríamos conocido y todo esto no hubiera tenido lugar. 

Y es cierto. Gracias a la predisposición de Isabel una mujer de mentalidad abierta y que, pese a haberla despertado aquel día en Nájera mientras echaba la siesta, las puertas se han ido abriendo de forma mágica.

Primeramente en la charla enfocada a sus alumnos inmigrantes. Luego con Vanesa en La Gota de Leche para personas desempleadas y la entrevista de radio hasta llegar a, tal y como sucedió en el día de ayer, la presentación en la librería Santos Ochoa de la mano de E-mocionado.


Y es que,  por lo que se ve, no solo hay redes tras las pantallas. A su vez, existe un universo increíblemente abierto en el día a día y en el contacto personal. Sí, ese del cara a cara. Es como si a una fina hebra se fueran uniendo pequeños hilos que se van entrelazando para formar una cuerda flexible y resistente. Y de ésta, surgen otras personas que conocen a otras que trabajan en asociaciones, en medios, en fundaciones y empresas que creen o, mejor, están convencidas de que haciendo las cosas de otro modo, se pueden lograr cosas increíbles.

Y de ello hablé en la charla a todos los presentes. 

Si tienes un sueño. Ve por él. 
Hay que olvidarse de las excusas, porque la vida, 
este presente que vino de pronto y sin siquiera esperárnoslo, 
tiene un tiempo limitado.

Sobre la base de estas premisas expliqué que llevo años escribiendo y estoy a punto de publicar mi novena obra y que he conocido de primera mano a más de once mil cien lectores por diferentes ciudades del norte del país.

Y es muy probable que lo siga haciendo así porque, pese a las negativas encontradas, también hay gente que todavía se impresiona por ver que un escritor ha llamado a su puerta y quiere saber más de él, de su modo de actuar, del libro con el que se ha presentado.


Porque quizá en un futuro haya más personas que como Isabel, me abrirán su puerta y esa predisposición me lleve a conocer a más gente inesperada que cree que con ilusión y constancia, se puede dar un giro a nuestras vidas.

Con Vanesa,-Ganas de vivir-
Desde aquí quiero dar las gracias nuevamente a 
Vanesa, 
Isabel, 
Miguel Navarro de Cadena Ser, 
Conchi de E-mocionado 
y a todos los asistentes que acudieron en el día de ayer 
hasta la librería logroñesa Santos Ochoa.


Este viaje, ya lo sabéis, toma impulso una vez más y continúa...




"En el medio del odio, me pareció que había dentro de mí un amor invencible. 
En el medio de las lágrimas, me pareció que había dentro de mí una sonrisa invencible. 
En el medio del caos, me pareció que había dentro de mí una calma invencible. 
Me di cuenta, a pesar de todo, que en medio del invierno, 
había dentro de mí un verano invencible. 
Y eso me hace feliz. 
Porque no importa lo duro que el mundo empuje en mi contra, 
dentro de mí hay algo mejor empujando de vuelta"

Albert Camus




6202700





martes, 22 de enero de 2019

Distorsión tras las puertas...

Con Josu de Distorsión
Y resultó que un buen día del mes de diciembre del año pasado, hace bien poco, deambulaba, tal y como suelo acostumbrar, esta vez por las calles, barrios y edificios de la ciudad de Bilbao con el propósito de dar a conocer mis obras y mi trayectoria como escritor errante.

Tras una nueva llamada apareció  una chica que se dignó a escuchar mi relato. Su actitud me decía que leía. Lo decía porque escuchaba con atención, porque también cogió el libro con el que me había presentado y porque, a su vez, lo hojeaba con curiosidad.


Amaia entendió que en ¿Y por qué no? narraba, en forma de crónicas, la dura lucha de este literato por llegar a sus lectores.

De pronto, Amaia sonrió y de seguido pronunció las siguientes palabras:

-¿Te parece que hagamos un trueque? 

Yo me alegré ante esa iniciativa que, como sabéis, no me viene de nueva. En mi cabeza surgió la premisa de que aquella chica escribía o, al menos, estaba inmersa en algún que otro proyecto cultural. 
Y aquella sorpresa inicial se fue desvelando gradualmente cuando se giró para escuchar mis oídos:

-¡Josu! -gritó de pronto-. Ven, que te puede interesar.

Pero allí nadie respondía.

Luego, la mujer se acercó al salón y preguntó por uno de sus discos a su pareja. El hombre, un tanto perplejo ante el singular atropello, decía tras levantarse:

-Sí..., tienen que estar por ahí. Algún Cd debe de haber...

Y el revuelo comenzó a perpetrarse en el piso.


Entretanto, Amaia me comentó que era la pareja de Josu de Distorsión- grupo punk baracaldés nacido en los años 80-.

Para ser honestos, aquel comentario me pilló de sorpresa pero tengo que decir que no me resultó del todo desconocido. Por su parte, mi mente intentaba buscar la manera de recordar alguna que otra canción del grupo vizcaíno.

Fue luego, Josu, quién me aclaró las ideas haciendo referencia a alguno de sus temas y entonces sonreí ampliamente. -¡Claro!, esa música la he escuchado yo miles de veces los fines de semana con la cuadrilla en Portu y Bilbo, entre otras muchas fiestas y conciertos. Inclusive, entre mis cassettes  de adolescente -Sí, todavía guardo alguno-, recordé, había grabaciones de Distorsión, Siniestro Total, Eskorbuto, Parabellum y un largo etcétera de grupos de aquellas décadas.

Yo no cabía en mí. Esta era una curiosidad que quería sumar a esta historia y de ahí la foto que ilustra la entrada. Josu, como no, posa orgulloso con la sudadera que hace referencia al grupo.

Ante este dinosaurio de la música vizcaína y su pareja, repetí mi relato y, tal y como me dio a entender Josu, además de compositor, cantante y guitarrista, era también un buen lector.


-Lo siento, es que, con la mudanza, tenemos todo desperdigado -explicaba disculpándose, al no encontrar ninguno de sus trabajos. Te parece que hagamos el trueque con éste -y me enseñó el recopilatorio de grupos "Matxinada" formado por un triple digipack con 36 bandas de todo el estado.

-Claro que sí; por mí perfecto. Pero eso sí, me lo tienes que dedicar.
Josu accedió encantado. En la charla hablamos de que Distorsión celebraría en breve sus 30 años en la música. Ahí es nada. El vocalista hizo referencia a su última gira "Distorsión en el Nervión". También surgió el tema de que la cultura está de capa caída.

-Si es que hay chavales que se jactan de no haber leído un libro en la vida -decía, echándose las manos a la cabeza-. Todo está bien, pero la cultura... qué haríamos si pasásemos de la cultura...


Amaia y Josu de Distorsión

Pero quizá no esté todo perdido porque entre otras cosas, a mi parecer es una auténtica gozada, no solo que la cultura llame a las puertas, sino que ésta aparezca en ocasiones tras ellas.

Porque en este mundo cada vez más neurótico, individualista y sumergido en prisas, tiene que haber hueco para aquellos que creemos que salir de esa dinámica debería ser una prioridad.

Gracias Amaia y Josu, por atenderme tras la llamada, por la charla, por los recuerdos, por el trueque y por vuestro grandioso aporte musical. 

Todo un honor.



"La dictadura perfecta tendría la apariencia de una democracia,
pero sería básicamente una prisión sin muros en la que los presos
 ni siquiera soñarían con escapar.
Sería esencialmente un sistema de esclavitud,
en el que gracias al consumo y el entretenimiento,
los esclavos amarían su servidumbre"

A. Huxley
Un mundo feliz





6202700





lunes, 14 de enero de 2019

Lector-protagonista número 11.000

Con José Antonio, lector-protagonista
número 11.000
Y no es casualidad que me haya acercado hasta la localidad vizcaína de Algorta para conocer al lector protagonista número 11.000. 

Tal y como hice saber a José Antonio, cuando abrió la puerta de su casa y se sorprendió al ver que un escritor promocionaba sus obras de esa peculiar manera, mi próxima publicación tendrá como protagonista a una vecina de esa localidad.

Una vecina ficticia, es cierto. Pero su consabida historia proviene de este discurso social tan neurótico y gris que tanto y con tanto énfasis nos empeñamos en crear. 

Hace ya unos meses, inmerso en este periplo de dar a conocer mis obras por diferentes comunidades, provincias y ciudades, me encontraba viajando en el metro de Bilbao, sentado en uno de sus vagones y mirando distraídamente por la ventana. Los derroteros que brotan de este deambular hicieron que mi destino, aquella vez, fuera Algorta, localidad situada sobre los arenales de Ereaga y Arrigunaga. Ocurrió que, cuando el alargado vehículo se detuvo, pude observar uno de los mensajes de uno de los numerosos andenes que estructuran la línea 1. Luego imaginé una escena. Observé entonces a los pasajeros y, a partir de ese día, esas ideas que germinaron y fueron tomando fuerza, fueron trasladándose hasta mis dedos para dar lugar a esta nueva obra que se ha colado entre los inéditos que tengo en mi haber.

"Sé que me ves" es una novela dura que debería hacernos reflexionar sobre los aspectos que dan forma a nuestras realidades. Y estoy encantado de haceros saber que, en breve tiempo, estará en muchas de las librerías del país. ¡Cómo suena eso! ¿Verdad?

Y lo estará gracias sobre todo a los varios miles de apoyos recibidos en todo este tiempo de deambular de aquí para allá, con el fin de dar a conocer mis obras a los lectores. 


Aquella tarde de un buen día de la semana anterior, tal y como decía, José Antonio, tras mi llamada, me comentó que sí que leía. De seguido escuchó con atención mi relato e incluso llamó a Cruz, su pareja, para que también supiera de mi proceder. 


-Pero hay una condición -expuse al saber que José Antonio se interesó por ¿Y por qué no? -Como es un número especial, quiero que sepáis que siempre me suelo hacer una foto con el lector. En este caso con el lector número 11.000. Un poco para documentar y dar base a esta historia. 


Y así fue como Cruz nos hizo la foto que ilustra esta nueva entrada que se abre en esta increíble historia.

Cruz y José Antonio, como no podía ser de otra manera, se llevaron de obsequio el libro infantil y solidario "Bizkaia y sus pueblos entre cuentos/ Bizkaia eta bere herriak ipuin artean".
¡Qué menos!

Y ese día de primeros de año, una amplia sonrisa comenzó a caracterizar mi semblante a la vez que iba llamando a las puertas colindantes, a los pisos inferiores y a los portales vecinos. Porque ahora no importaban tanto esos "noes" que se iban presentando. Estos volvían a caer. Lo hacían por defecto hasta ir a parar a ese mar creado por ingentes cantidades de negativas. Sobre él seguía navegando yo. Con esa nueva sonrisa. Porque todavía no se avistaba. Pero en mi mente una luz brillaba con soberana fuerza:
"Ahí está, Sergio. Ya lo veo. Se encuentra cerca. Muy cerca. Ya atisbo tierra firme". Decía.


Gracias Cruz, gracias José Antonio, porque vuestra disposición y abierta mentalidad os han llevado a formar parte de esta historia. 




"Llega un momento en que es necesario abandonar las ropas usadas
 que ya tienen la forma de nuestro cuerpo
y olvidar los caminos que nos llevan siempre hacia los mismos lugares.
Es el momento de la travesía.
Y, si no osamos emprenderla,
 nos habremos quedado para siempre
 al margen de nosotros mismos"

F. Pessoa





6202700