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Recital de poesía y relato breve en Cafe Art Bahía



Recuerdo que lo dudé en un primer instante. Nunca había hecho nada similar. No obstante, la idea que me proponía Ana Cuaresma acerca de la lectura de un relato breve que podría escribir y recitar el 22 de febrero en su Café, no me pareció descabellada. Es más, a la vez que avanzaban los días y la fecha se acercaba, sentía un creciente interés.

Coordinado, el evento, por Adriana Bañares http://awixumayita.blogspot.com.es/
 junto con la revista Ícaro incombustible http://icaroincombustible.ambitiouslemon.com/index.php?option=com_colaboraciones&tipo=pluma&Itemid=5, los participantes ibamos, de manera gradual, y a la vez que pasaban los días, sumándonos al evento, hasta llegar ni más ni menos que a la cifra de unos treinta asistentes.

A las 22:00h del citado día, el Café se encontraba a rebosar. Allí se hizo lo propio y la lectura de las poesías y relatos, se fue realizando en un ambiente inigualable, en el que cada cual exponía sus obras dotando al evento de un nivel, al menos interesante.

Aquí os quiero dejar el texto que escribí para tal ocasión:


Grito

Sudo. Las perlas en mi frente se van formando. Subo. Un escalón más. Lentamente, con miedo. Se trata de un sinvivir, de un suplicio. Quiero. Anhelo hacerlo, aun sabiendo el desenlace. El posible desenlace que me llama. Ulula al viento una orden y por mi cuerpo se va estableciendo un escalofrío. Sin prisa, todas y cada una de las terminaciones nerviosas que campan en mi piel, son con perfidia, despertadas.
Vuelvo a sudar. Esta vez, por mi frente desciende calma, una gota translúcida. Persisto y vuelvo a subir. Otro escalón. Ese imperativo, transformado en sonido busca mis oídos. Siempre los encuentra, me llama, me indica un camino del que es evidente, quiero huir.
Siempre. Lo he evitado siempre. Y, todas las veces, sin resultados fructíferos. Mi cuerpo se apoya en las frías paredes de yeso encalado, en este oblongo pasillo repleto de escalones. Descubro, a unos cuantos metros hacia arriba, el fin del trayecto. Apenas veinte escalones son los que me separan. Mis pies pesan, mi motivación, lo hace aún más.
Un paso se sucede, un escalón menos. Mi otro pie imita a su antecesor. Ahora la velocidad aumenta y la lucha entre ellos continúa. El peso deja de tener su significado para llevarme, en un plis-plas a la cubierta plana del edificio.
Mis ojos; cerrados. Cautos, temerosos. Cobardes. El vaivén del viento trae consigo una brisa que refresca un rostro arrugado, horrorizado, esquivo ante lo presente, inaudito y capaz de reflejar aquello que por todos modos quiere evitar.
- ¡Salta!- vuelvo a oír.
Abro los ojos a un nuevo escenario. La hoz ebúrnea de la luna, me sonríe en la negrura del firmamento con patente lascivia. Enfrente mío, un abismo. Al fondo, oscuridad. De pronto se inicia la transformación y de mis extremidades superiores surge un cosquilleo. Unas plumas van formándose, para dar lugar a unas extrañas alas. Las gotas de sudor, surcan a raudales mi rostro. El vacío es enorme. Mi cuerpo cauto. Mi actitud temerosa. No oigo ningún mandato, a pesar de ello, mis pies se aproximan al abismo. El rostro se desfigura y, ahora sí:
-Salta, tú puedes- esta vez, la voz es calma, sensual, los puntos centelleantes de las estrellas en la noche, me incitan a coro.

Sonrío, estiro mis extremidades, me abalanzo, el movimiento del aire me da la bienvenida. He perdido el norte, he confiado, bato las alas, mis entrañas se agolpan, y caigo sin control. Y con las prisas del caer, mis pensamientos se dispersan, para  volver a concentrarse de nuevo en una quimera: ¿es este el fin?
Me descubro fanático por agitar mis alas y poder volar.
Al fin… grito.
 
Por mucho que el país esté como está, por muchos recortes que existan en la actualidad,  en educación, sanidad, innovación, cultura... propuestas como éstas son las que demuestran que, al menos, algunas partes de la población no se resignan a acatar desmanes de dirigentes incongruentes con la realidad, y apuestan fuerte por la cultura en cualesquiera de sus formas y haberes.
Hoy quiero agradecer a Ana Cuaresma, propietaria del Café, por su invitación. También a Adriana Bañares, por la buena coordinación y a la revista Ícaro Incombustible, por sus ansias de crecer y querer llegar a más gente.
"Quizá el objetivo no se vislumbre aún. No obstante,  si estamos convencidos de que la dirección es la correcta, solo resta dar los pasos necesarios para que el resultado se manifieste. En esta ocasión, tal y como lo habíamos imaginado."
 
 

 

Comentarios

  1. Leyendo este texto.....

    Has conseguido sumergirme en el, de tal manera q sin quererlo he sentido la sensacion de gritar, tus palabras me han envuelto, me han invitado a volar mientras notaba como se erizaban los poros de mi piel.
    Muchas gracias por textos tan simples que son los que nos hacen sentir.
    Un saludo, Martha.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias por tus palabras, Martha. Me sirven de avituallamiento. Un abrazo, Sergio.

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