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Descubriendo nuevos caminos

No cabe ninguna duda que marcarse un objetivo, supone seguir un determinado camino. En mi caso, como ya sabéis, el objetivo primordial desde que me quedé desempleado allá por 2009, ha sido escribir libros, seguir disfrutando de ello, aprender a escribir cada día mejor y encontrar a cuantos más lectores sea posible.

Desde el principio he sabido, como ya vengo comentando, que esta historia se asemeja a una maratón en la que apenas llevaré recorridos unos quinientos metros.
No obstante, este año, hemos decidido mi pareja (Ainara) y yo, hacer el Camino del Norte, para llegar a Finisterre.
Un poco para cambiar de aires, un poco para ver sí éramos capaces de conseguirlo, un poco también para desconectar de rutinas y quizá para afilar el hacha con la idea de poder seguir cortando.

Así pues, la propuesta era la siguiente: recorrer en bicicleta los 762 kilómetros que existen entre la localidad vizcaina de Leioa (de donde somos naturales) hasta la localidad gallega de Fisterra.
Algo que me impresionó de estos peculiares días, es que me resultaba relativamente sencillo usar diferentes alegorías entre ese camino y la promoción que llevo desempeñando durante estos años en esto del puerta a puerta.

Desde el primer día nos llovió. Digamos mejor que nos llovió durante muchas de las once jornadas que anduvimos dando pedaladas. Pero eso era lo que menos importaba. Fisterra estaba allí y hacía allí nos dirigíamos.
Utilicé las frases que llevo conmigo, en el día a día en mi promoción. Frases como;

"Las ideas que te pongas en la cabeza son las que te van a llevar hacia una dirección o hacia otra",
 "Nunca nadie dijo que fuera fácil" 
"Seguiremos intentándolo, una y otra vez..." etc.

También encontré otras que se toparon en el caminar. La siguiente apareció un día, a modo de graffiti en un muro de una localidad cualquiera de la comunidad asturiana. Es la siguiente:

"Cuídate de los necios, que solo saben destruir sueños"

Recuerdo que, cuando la vi detuve mi pedaleo, busqué en las alforjas, saqué libreta y bolígrafo, y la plasmé en el papel. Luego de ello continué pedaleando con dirección hacia Fisterra.

Fue al décimo día cuando, pedaleando, nos introducimos por las calles de Santiago de Compostela, cuya catedral se encontraba en obras. Al día siguiente llegamos a nuestro destino, FISTERRA.

Al aproximarnos al faro del fin de la tierra, descubrimos con asombro que, allí,  la emoción  surgía por todos los rincones y cuerpos agotados de peregrinos que llegábamos de todos los lugares. Al fin, un mar se extendía completamente abierto a nuestros maravillados ojos.
Estos observaron, después, un atardecer desde aquel mágico acantilado, y se deleitaron al ver cómo el sol se sumergía en las frías y azules aguas.
Hubo gritos de entusiasmo cuando el último rayo solar se despidió por ese día. Se respiraba intensamente esa magia, y la singular calma que aparece siempre cuando un objetivo es logrado.


Pues bien, a día de hoy, inmerso nuevamente en mi búsqueda incesante de lectores de mi última novela y habiendo conocido ya a cinco mil quinientos setenta y seis protagonistas de esta historia, compruebo que esa sensación de calma me acompaña desde entonces, y siempre que concluye la jornada.

Encontrar tras las puertas a lectores que se interesan por la novela, no tiene precio.
Cuando un sí aparece, con calma, hago caer los "noes" encontrados con anterioridad y los transformo en un nuevo escalón sobre el cual poso mis pies. Así, poquito a poquito, los escalones se van transformando hacia una sola dirección...

A veces recuerdo ese último rayo de sol de Fisterra que simboliza un objetivo cumplido, y lo fundo con la experiencia de conocer a un nuevo lector.

Supongo que el objetivo como escritor está todavía lejano. Sin embargo, seguiré aprendiendo, narrando y probando una y otra vez, porque hasta el momento, las experiencias encontradas bien han valido la pena.
Siempre, eso sí, cuidándonos de los necios que solo saben destruir sueños.

Este post va dedicado a Ainara por su increíble entereza en esos momentos difíciles en el que aparecen unas subidas muy pronunciadas, a las que se sumaban los interminables kilómetros y los largos minutos de ascensión. Son piedras que surgen, de esto no hay duda, en esto del caminar. No queda otra más que lidiar con ellas si pretendemos alcanzar nuestros sueños.

También para Xabi y Rubén. Esos amigos con raíces gallegas, provenientes de Fisterra; una tierra cargada de simbolismo, magia e inigualables paisajes.

Últimos minutos del día en el fin de la tierra.




"Llega un momento en que es necesario abandonar las ropas usadas que ya tienen la forma de nuestro cuerpo y olvidar los caminos que nos llevan siempre a los mismos lugares. 

Es el momento de la travesía. Y, si no osamos emprenderla, nos habremos quedado al margen de nosotros mismos".

                                                                                                     Fernando Pessoa



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