viernes, 17 de mayo de 2019

La criadora, décima publicación

Una inquietante sombra merodea desde épocas ancestrales en los misteriosos calados de la ciudad riojalteña de Haro. 

A su vez, acunado por el inexorable paso del tiempo, un caldo dormita en infinidad de barricas bordelesas para ir adquiriendo magnánimas cualidades. 

Quien tenga la osadía de beber de él, entonces se desprenderá de su cuerpo, de su mente y del mundo. Entonces y solo entonces creerá poderosamente en las virtudes del vino de Rioja. 



Y con esta sinopsis, estoy encantado de presentaros mis décima novela. Una ambiciosa obra de ficción ambientada en la ciudad donde resido, cargada de más de seiscientas páginas que rezuman Rioja. 

Es una obra en la que llevo trabajando la friolera de cinco años colmados de documentación, creación y correcciones por doquier. Pero bien que ha merecido la pena. 
Diez títulos en mi haber y casi doce mil lectores protagonistas sois los que dais mayor firmeza a todo este recorrido que se empeñó en crear este humilde escritor errante. 

Tal y como vaticinaba hace meses, este año iba a estar repleto de literatura.

Una gozada haber podido contar con apoyos institucionales como el Gobierno de La Rioja, El educador en vinos, como prologuista, y la centenaria bodega Martínez Lacuesta, que pronto celebrará su 125 aniversario. 

Y es que será en las instalaciones de esta última donde, el viernes 31 de mayo, a eso de las 20:15 horas, presentaré esta nueva obra. 

La criadora habla de los paisajes riojanos, del emblemático Toloño, de la Sierra de la Demanda, de sus gentes, del majestuoso puente de Briñas, del río Ebro y su meandros, sus majuelos, de la calle de Las Cuevas y... de la Ventilla 71. 

Bodegas Martínez Lacuesta estuvo anclada durante 107 años en el centro urbano para situarse ahora en los parajes de Ubieta. 
Yo me he apropiado, literariamente hablando, de esos antiguos predios para ayudar a dar forma a la trama. De ahí el lugar de la presentación. 

Así que, aquí os dejo la invitación por si os apetece acompañarnos y tomar algún que otro caldo tras el evento. Estaría encantado de charlar un rato con vosotros:





"Mucha gente pequeña, en lugares pequeños, 
haciendo cosas pequeñas, 
puede cambiar el mundo"

Eduardo Galeano




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lunes, 13 de mayo de 2019

Ya en mis manos... "Sé que me ves"

Lejos de arrastrarse, los pies que esquivaban las baldosas acomodadas sobre charcos que alimentaba la indecorosa lluvia, volaban raudos en aquella mañana del mes de febrero. También llevaban varios minutos pretendiendo despuntarse de aquella multitud agolpada a modo de alargada cola, que gradualmente se extendía en procesión hasta los edificios más cercanos de la boca de metro. Se trataba de algo inusual y, como llegaba demasiado tarde, no quería ni por asomo tener que formar parte de aquella apilada muchedumbre. 
-Disculpe, señor. ¿Me permite? -preguntó  sin querer ofrecer excesiva potencia a un nuevo empellón. 
Una cara arrugada, vieja, de pobladas y angulosas cejas cenicientas, movió un frondoso bigote. 
-¿No ve, señora, que no se puede entrar en la estación? ¿Que estamos todos parados?
-Disculpe usted. Disculpe; es que llevo prisa. 
El hombre reaccionó irritado. 
-Todos tenemos prisa. Todos. 
Varias voces condenatorias se sumaron a las palabras del anciano y la mujer se vio de pronto violentada por las miradas de ciertas personas. Fue ahí cuando se calmó un tanto[...]

Y es que estas son las primeras líneas que dan comienzo a este nuevo capítulo -Sé que me ves-, el noveno ya, que se abre en esta increíble historia. Esta vez, de la mano de la Editorial Tandaia.

Tal y como he expuesto en anteriores entradas, se trata de una novela rápida y profunda, que ofrece un claro mensaje. E ahí una breve sinopsis:

Andrea Solozábal es una mujer dominada por su rutina, por sus obligaciones, por su trabajo y, además, por su rutilante pantalla. Pero no solo eso. Porque Andrea Solozábal, en sus viajes de metro a Bilbao, se da cuenta de que no solo está ella dominada. Y eso, definitivamente, le horroriza. Porque es la indiferente actitud de sus conciudadanos la que hace plantearse cosas. Su mente bulle, se hace inquietantes preguntas, sufre por el mal tiempo, por sus constreñidos horarios e incluso ve imágenes que nadie más ve. 

A través de este apremiante relato, puede que en la cabeza del lector comience a erigirse la siguiente cuestión: ¿Merece la pena seguir el discurso tan neurótico, individualizado y colmado de miedos que, día tras día, nos empeñamos en crear?


Deambular durante años por diferentes ciudades con el fin de dar a conocer mis obras, como supondréis, no ha sido tarea sencilla. No obstante, haber podido conocer de primera mano a más de once mil quinientos lectores a la vez de haber recibido decenas de miles de negativas, indecibles cantidades de portazos y desprecios infinitos, supone un camino que de ninguna de las maneras querría prescindir. Supongo que toda esta peripecia ha creado un mapa que me va aclarando la realidad social más cercana en la que nos vemos envueltos.


Y quizá haya sido por eso, por lo que una vez, en un viaje en metro, esta idea, esta historia, este relato quiso llamar a mi puerta. Pero no lo hizo con la insistencia propia de aquellos que quieren hacerse notar para llegar los primeros. Lo hacia casi sin molestar, sin ruido, pasando como de puntillas pero sin dejar de brillar un solo instante. Se hacía notar. No sé. Una y otra vez, como haciéndose presente, brillando a cada momento con mayor intensidad hasta que mis dedos tuvieron que bailar sobre el teclado. Porque todo hay que decirlo, "Sé que me ves" se ha posicionado ante otra obra, esta más ambiciosa, en la que llevo trabajando varios años. Hablaré de ella en próximas entradas.


Y sin embargo me alegro de que haya sido así. Porque la experiencia me va diciendo que la literatura con su moderado devenir va echando raíces, floreciendo en cada primavera, destellando, lanzando sus aromas a diestro y siniestro, marchitándose en ocasiones para ir creciendo en las sombras. Siempre gradualmente, pese a que el viento arrecie muchas veces en contra, y muy ansiosa por notar los buenos tiempos y volver a florecer.

Hoy me alegra decir que esta nueva obra de ficción está ya en mis manos... Pronto en la de cada uno de los mecenas que apoyaron el proyecto, luego en las librerías y, por supuesto en el siguiente enlace:


Gracias a tod@s por ayudar a que haya visto la luz.




"La mayoría de las veces, lo que más tememos,
 es lo que más necesitamos hacer"






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martes, 23 de abril de 2019

Celebrando el Día del Libro...


Como sabemos, hoy es un día señalado en el calendario:

¡hoy se celebra el Día del Libro! 

En esta jornada, numerosos escritores y escritoras famosas se encuentran con sus lectores.

Sin embargo, yo prefiero ampliar esta fiesta a todo el mes de abril. Sí, la quiero ampliar por las buenas circunstancias experimentadas en los días pretéritos. Un poco porque en esta celebración nos han acompañado durante todo el mes, más de 700 alumno/as de numerosos centros educativos del territorio riojano y vizcaíno en más de una veintena de talleres referidos a los cuentos infantiles y solidarios "La Rioja y sus pueblos entre cuentos" y "Bizkaia y sus pueblos entre cuentos". 

Y siempre con el mismo objeto: que los más peques adquieran el imprescindible hábito de la lectura, además de que conozcan su entorno más cercano.

Y es todo un lujo observar las increíbles reacciones.

En todos y cada uno de estos talleres hemos recordado el por qué se celebra cada 23 de abril el Día del Libro. Hemos aprendido a crear historias. A documentarnos y a divertirnos con bonitos relatos y fantásticas ilustraciones entre muchas más cosas. 
Porque siempre resulta muy grato observar el notable interés que ofrecen los futuros lectores en estos talleres en los que se aúna lectura e ilustración. Se enseñan cosas, pero también, porque todo hay que decirlo, se aprende y mucho.

Trabajar para que los peques se interesen por la lectura y conozcan su entorno más cercano es ciertamente satisfactorio. Sobre todo cuando descubres en cada aula los enérgicos y brillantes ojos de los alumno/as al ver aparecer a los creadores de los libros que han leído. 
Muchos son los que levantan sus manos para responder a las preguntas. Algunas nacidas de la inocencia, de la felicidad, de la alegría y del entusiasmo. Son contestadas con amplias sonrisas y, por supuesto, todos participan. Una verdadera gozada. 

Han sido días intensísimos, pero, a su vez, más que gratificantes.

Y, sin embargo, ahí no acaba la cosa porque este escritor errante, pese a inmiscuirse en las edades iniciáticas en esto del leer, también prosigue con su empeño de conocer a más y más lectores en los demás días del año. Ya son varios miles los encontrados en diferentes ciudades y la cifra sigue creciendo. Todo un honor.

Y como esta entrada va de celebraciones, hoy quiero destacar que mi novena publicación "Sé que me ves" está a punto de ver la luz.

Pero no acaba ahí la cosa. Sigamos celebrando. Porque este año me apetece hacerlo a lo grande.
Y es que mi décima obra literaria, ésta quizá más ambiciosa, también verá la luz en pocos días.
Título: "La criadora" 


Es primicia. Y qué mejor ocasión para decirlo, que el Día del Libro ¿Verdad?

Tal y como vengo exponiendo en estos años, me apasiona escribir y, cómo no, publicar nuevas obras.


¿Por qué dos obras? 

Porque son diferentes. No tienen nada que ver la una con la otra. Porque con la décima publicación, "La criadora", llevo trabajando más de cinco años y porque la novena, "Sé que me ves", apareció, así como de repente en mi vida y presionó por ver la luz. Son solo bonitas coincidencias que brotan en este caminar errante. 

Y así es, esta increíble historia continúa con bases a cada momento más amplias. En breve, este escritor errante que un buen día decidió conocer a sus lectores está a punto de publicar su novena y décima obra. 

Todavía sigo sin saber hasta qué punto puede llegar un tipo con un libro bajo el brazo, pero cada vez estoy más dispuesto a averiguarlo.



¿Se puede celebrar de mejor manera esta entrañable jornada?

Feliz Día del Libro


Nota informativa: 
Para los que apoyaron el proyecto "Sé que me ves". Me place haceros saber que el libro está ahora mismo en imprenta.  En pocos días os llegará. Gracias nuevamente.




"Si de verdad vale la pena hacer algo, 
vale la pena hacerlo a toda costa"
Cherleston



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lunes, 1 de abril de 2019

Irune, poeta callejera

Irune, colmando sus letras en el papel
Aquella tarde de sábado, una chica, tras conocer que yo era el autor del libro que llevaba entre sus manos, se acercó con el objeto de saber más sobre la poderosa pregunta de su portada. 

Era un 23 de marzo en Santurtzi. Ainara, la ilustradora, y yo, atendíamos el puesto en el que exponíamos nuestras obras, esperando a que el taller infantil de ilustración diera comienzo en el evento Van sobre ruedas.

Fue ahí cuando hablamos sobre los motivos que me llevaron a editar aquel ejemplar. Le expliqué que yo acostumbraba a moverme por diferentes ciudades, entablando conversaciones con la gente para dar a conocer mis obras. Aquella delgada chica vestida de negro, con ojos brillantes, comenzó de inmediato a recitar una de sus poesías. Ella declamaba rápido. Ofreciendo, en ocasiones, paradas entre sus versos y dando a entender que llevaba muchos años haciéndolo.
De primeras, su deslustrado aspecto te hacía pensar que la mujer llevaba tiempo viviendo en la calle. Que, en definitiva, la vida le había tratado mal. Pero sus ojos seguían brillando cuando hablaba de literatura. Cuando soltaba títulos de libros leídos. Cuando me preguntaba sobre mis obras predilectas, cuando recordaba pasajes pretéritos y entendía que hacer vibrar a las personas al recitar sus poemas, a cada momento se hacía mucho más pesaroso. Pero ocurría. ¡También había veces que la gente le escuchaba!
  
Luego miró una vez más al puesto.

-¿Dónde puedo conseguir uno de tus libros?

Le miré a sus ojos. Estos seguían mostrando una triste sonrisa. Sin embargo, ese brillo continuaba siendo auténtico.

-Aquí -expuse aproximándome a la fila de ejemplares- ¿Cuál es tu nombre? -continué sacando el bolígrafo. 

Aquella mirada se iluminó aún más cuando tomó el libro ¿Y por qué no? con sus manos. 

-¿Para mí?

-Claro. Es tuyo. 

Luego de despedirnos, el soleado día continuaba con su dinámica. Algunos lectores se interesaban, con sus peques, por los libros infantiles. Otros curioseaban por el puesto. Muchos accedían a los food trucks con el fin de hacerse con alguna que otra sabrosa hamburguesa, menús variopintos, cafés y dulces por doquier. 

No pasó mucho tiempo más hasta que Irune regresó. Me comentó, con cierto entusiasmo, que había comenzado con las primeras páginas del ejemplar que le había regalado.

-¿Tenéis un boli y un papel? -preguntó sonriente- quiero regalarte unas palabras.

E Irune se sentó en unas escaleras contiguas y escribió lo que sigue:

¿Y por qué no?
Si todo es tan simple como dejarse llevar. 
¿Creéis en la casualidad?
Hoy he llegado al pueblo donde nació mi amado aita
El cual partió hacia la paz
pero se quedó dentro de mí, su pequeña guerrera...

Eres verdad...(¡Ostias!)
Me has devuelto la ilusión, creo que empecé a escribir
para poder llegar hasta ti (vosotros).
Para poder entender que la belleza habita en nosotros
pero dejamos que el miedo sea más grande
que nuestras ganas de liberar esos gritos silenciosos que 
guardamos en secreto. 

El camino, largo, bello y doloroso, vale la pena 
solo por haberte conocido.
Por amor seguiremos en pie. 
Libres, locos, verdaderos...
Porque muchos nos oyen, pocos nos escuchan.

Por esos que valoran nuestros necesarios susurros, 
seguiremos disparando las palabras que tanto 
asustan escuchar. 

Gracias, de corazón. 

Porque de diez mil rechazos, hay un pequeño locuelo
que nos da una lección de amor, libertad y dulce locura.

Sabía que en algún lugar existías. 
Gracias. 
Irune.


¿Os lo podéis creer? ¡Menudo regalazo!
Aún pugnan mis lágrimas por brotar, al escribir esta entrada y releer sus vocablos.


Hagamos caso a Irune; que bien merecerá la pena. Sus palabras lo dicen claro, pero mucho más lo hace el brillo de sus ojos:

Fuera prejuicios. Mirémonos al interior. ¡¡Ostias!!




Por esos que valoran nuestros necesarios susurros, 
seguiremos disparando las palabras que tanto 
asustan escuchar. 

Irune.
 Poeta de la calle




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lunes, 25 de marzo de 2019

Un libro por una canción

El pasado jueves 21 de marzo quise viajar a Santurtzi con el fin de dar a conocer mis libros a los habitantes de ese famoso municipio de Bizkaia.

Un poco también porque el fin de semana formaría parte del evento Van sobre ruedas y por conocer a nuevos lectores en el municipio.

Viajé en metro porque todavía me produce gran curiosidad sumergirme entre las actitudes de los viajeros y esa era una nueva y buena oportunidad de hacerlo.

Así pues, aquella mañana en el vagón con destino a esa famosa localidad pesquera, los semblantes pesarosos de los pasajeros continuaban ofreciendo su siniestra rutina. El metro viajaba sobre los raíles, con su peculiar bailoteo y ese rumor ambiguo que tomaba cierta velocidad para perderla en las proximidades de las estaciones. Es algo que, como vecino de una ciudad modesta, once mil habitantes, me produce cierta..., no voy a decir lástima -que también- pero, a su vez, gran curiosidad.

Cada vez que viajo a ciudades importantes aprovecho la ocasión y me desplazo en el suburbano. De uno de esos viajes germinó la historia "Sé que me ves", mi novena y próxima publicación.
Me alegro de haber creado la historia porque esos semblantes grises, esa hermética individualización y esas prisas neuróticas, me confirman y mucho el mensaje que se puede extraer tras su lectura.


Y sin embargo, aquel día, algo, felizmente, rompió esa rutinaria dinámica.

En los asientos cercanos a mi posición se acercó un hombre de mediana edad, con rasgos sudamericanos y tez morena. Él portaba una guitarra enfundada en su espalda. Pero no tomó asiento. En vez de ello sacó la guitarra y, tras unas palabras con las cuales solicitaba permiso y cierta atención, comenzó a rasgar las cuerdas de su instrumento para amenizar el trayecto. 

Por lo que pude observar, la gente, pese a sus canciones, se inmiscuían, casi molestos, un poco más si cabe en las rutilantes pantallas de sus dispositivos. Yo no pude hacer más que torcer el gesto. Tanteaba actitudes. Era curioso. Desde que me licencié en sociología, a menudo suelo encandilarme con esos pequeños quiebros sociales. El hombre estaba realizando uno en toda regla. El sujeto inquietaba a los pasajeros y lo hacía con su arte, con su música, con la cultura. ¿Quién era él para importunar al pasaje? Era la  pregunta que bailoteaba en el aire, pero nadie movía sus labios para inquirir.
A mí, como escritor errante y acostumbrado a hablar con mis lectores durante más de siete años por diferentes ciudades, me pareció genial esa actitud, esa valentía, esa apuesta por la música. El tipo, todo hay que decirlo, lo hacía bien.

Los segundos pasaban y la música dejaba en segundo plano el runruneo de las ruedas al friccionarse con los raíles. En una de estas, ni corto ni perezoso, metí la mano en el morral que suele acompañarme y saqué uno de mis libros. Fue ahí cuando el bolígrafo comenzó a bailar al ritmo de aquellos acordes sobre la primera página de mi sexta publicación:  ¿Y por qué no?

Las lineas decían lo que sigue:

Para y por la cultura. Que no decaiga. Rumbo a Santurtzi. 
21-03-19 abrazo correspondiente y firma de un servidor. 

Cuando concluyó con sus temas, el tipo, humildemente, solicitaba voluntades y, allí, en ese escenario de herméticas individualidades nadie movió una ceja. Sus miradas seguían clavadas en las pantallas. Al acercarme, le expliqué que yo era un escritor que hacía llegar mis libros a la gente, también de forma directa.

-Supongo que lees -pregunté.

-Sí -titubeó.

-Es tuyo -expuse.

Una sonriente chica se aproximó.

-Daban ganas de ponerse a bailar -dijo terciando en la conversación.

Luego de interpretar que un escritor obsequiaba con su libro a un músico que había amenizado el viaje con sus temas, decía:

-Estoy alucinando...

Y aquel entrañable quiebro social se estableció en aquella jornada de la poesía en uno de los vagones del metro dirección a Santurtzi.

Gracias por tus canciones, músico errante.

Seguiremos haciendo gala de los bienes culturales porque, pese a que son muchos los que no lo quieren ver, son estos los que dan sentido al camino.




"Que ser valiente no salga tan caro, 
que ser cobarde no valga la pena"

J. Sabina




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lunes, 4 de marzo de 2019

Últimos trueques literarios

"Letras sin voz" de Itxaso Corrales Betanzos
Hace bien poco leí un artículo cuyo título no nos debe dejar indiferentes. Creo que el texto merece la pena y es por eso por lo que lo incluyo en esta entrada. Es el que sigue:


De su lectura se desprende que el hábito de leer es una de las formas más efectivas de obtener y generar conocimiento. 

Pero muchos sabemos que también hay otras cosas que merecen ser nombradas y que refuerzan este hábito al que, por lo que se entiende, cada vez tiene menos adeptos. Todo da lugar a que a cada momento seamos menos conscientes. Llegará un momento en que actuemos como autómatas y las luces de nuestros cachivaches nos señalarán el camino.

Porque no se debería dejar de lado un buen hábito, como es el sentarse en tu lugar predilecto para poder pasar las hojas a la vez que te tomas un café caliente un día de invierno. Sí, huyendo de las pantallas. También hay que hacerlo. A veces es necesario utilizar el tiempo tocando el papel, oliéndolo, disfrutando de una historia en la que anhelas sumergirte, y pretendes que no termine. Y, cuando al fin lo hace, colocar el relato en la estantería de relatos leídos y elegir una nueva historia en la estantería de historias por leer. Eso, a mi entender, sí es aprovechar y disfrutar el tiempo. 

Por mi parte, tengo que decir que en estos días he disfrutado de la lectura, quizá un poco más. En el sentido en el que he vuelto a conocer a dos nuevas autoras que me abrieron la puerta cuando iba dando a conocer mi sexta publicación en la ciudad de Vitoria.

Recuerdo que fue hace unos días cuando, aquella bonita tarde de febrero, me abrió la puerta una chica menuda. Ella llevaba el teléfono en la oreja y mantenía una conversación. Ante mi pregunta de que si podía hablar, ella puso un momento su atención en mis palabras y descubrió que era un escritor el que había llamado a su puerta.

-Estoy concluyendo un contrato -dijo en voz baja -vuelve en diez minutos.

Y tras diez minutos de buscar lectores volví. Itxaso, apurada, me hizo entrar.

-Pasa -decía con el teléfono todavía en su oreja -no te quedes ahí.

-No quiero importunar. Únicamente busco a gente que le guste leer.

-Que sí, que sí, pero pasa que acabo enseguida.

Pasé. Esperé sentado en su salón observando cómo un perro me ladraba tras el cristal de la puerta del balcón y con ganas de que aquella chica, supuestamente lectora, me hiciera algo de caso.
Itxaso ponía caras a la operadora. Resoplaba. Incluso daba saltitos de impaciencia. Tenía ganas de acabar de escuchar los pormenores de su nueva póliza. Ella a todo decía que sí.
Finalmente colgó el teléfono.

-¡Por fin! -dijo dando un gracioso salto a la vez que presionaba el botón rojo. -Así que eres escritor -continuó con una sonrisa-. Yo también escribo.

Y tras esa buena sorpresa, entendí por qué la mujer quiso escucharme.

Ella me hizo saber que había publicado dos poemarios. El último "Letras sin voz" que me regaló al adquirir ¿Y por qué no?

Hablamos durante largo rato sobre sus actuaciones en diferentes eventos poéticos, sobre su experiencia con las editoriales y un largo etcétera. Entonces tras esa buena conversación, proseguí con ánimos renovados al despedirnos.



"Cuando maduren las uvas..." de Rosa Jiménez
Y ocurrió otro día en la misma ciudad cuando Rosa se sorprendió también al saber que un escritor promocionaba sus obras de esa manera tan poco convencional:

¡Hablando con la gente!

La mujer, tal y como me indicó, también escribió una historia hacía ya algún tiempo y me propuso hacer un trueque. 

Como sabéis, acepté encantado. Porque sé que, poner cara a la persona que escribió esas líneas, supone un añadido a la lectura. Un nuevo goce que te hace disfrutar de este hábito deslustrado en los días de las prisas y del inconsciente encauzamiento.


Dar forma a una historia no es tarea fácil y, en ocasiones, he descubierto en mi deambular buenos relatos que bien han merecido la pena.

Todo un lujo del que ni en bromas quiero prescindir. 

Y es así por lo que continúo de esta manera. Escribiendo, dando a conocer mis obras, hablando con lectores, encontrándome en ocasiones con autores, publicando, escribiendo, leyendo, leyendo y leyendo...

En mi opinión hay que hacerlo, sino todos los días, siempre que tengamos ocasión. Hay que buscar el tiempo para sumergirte en un hábito que debería ser imprescindible para cualquier persona. Porque a fin de cuentas es un hábito que ayuda a romper límites y amplía la mente.

Me apena leer artículos como el citado arriba, pero la experiencia me dice que no todo está perdido. Itxaso y Rosa, estas dos lectoras y autoras me lo han demostrado en estos últimos días.

Gracias Itxaso y Rosa por ayudar a dar forma a esta historia. 



"Adquirir el hábito de la lectura, 
es construirse un refugio ante 
casi todas las miserias de la vida"

W. S. Maugham



La editorial me indica que a finales de semana recibiré las pruebas corregidas y que es probable que en el mes de abril la obra pase a imprenta.
Iré informando. 





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martes, 12 de febrero de 2019

Solo podía ocurrir en La Rioja

Un obsequio repentino
Sucedió un miércoles cualquiera de una semana del mes de enero en el bonito municipio riojano de Navarrete.

Esta curiosidad hacía tiempo que quería contarla porque no todos los días suceden cosas como la que sigue:

Aquella fría mañana de principios de año nos encontrábamos Pedro, un señor al que le pillé leyendo, y yo, mientras le explicaba en el rellano, la forma en que había decidido dar a conocer mis obras. Este señor mayor escuchaba con atención mi relato cuando, en una de éstas, apareció de pronto un familiar que ascendía gradualmente por las escaleras.

-Buenos días, Pedro -dijo en alta voz, interrumpiendo la conversación-. Vengo a llevarme el depósito, a ver si tengo los huevos para subirlo al remolque.

El caso es que, antes de interceder al llamamiento y en el curso de mi explicación, David, que así se llamaba el sujeto, nos hizo saber que él no tenía tiempo para leer. Que no le daba la vida para ello, entre el trabajo, los niños y demás cuestiones.

Entretanto, Pedro, como buen lector, ya se había interesado por mi proceder, intrigado por ese volumen y decidió adquirir sin mayores preámbulos un ejemplar dedicado de mi sexta publicación ¿Y por qué no?

-Si quieres te echo una mano y entre los dos lo subimos -expuse a continuación dirigiéndome a David. Entendí que el depósito se hallaba en la vivienda, por lo que no debía ser muy grande y pesado. 

Pero, para mi sorpresa, no fue así. Luego de aceptar mi ayuda, los tres descendimos las escaleras para acercarnos a un amplio garaje que lindaba con el portal. David, una vez que hubo abierto el portón metálico, acercó su furgoneta con el remolque. 


Y entre gran cantidad de bártulos, allí se encontraba el susodicho depósito de gasoil con una capacidad de unos mil quinientos litros, que alimentó durante años la caldera del piso superior. Al parecer estaba vacío y no había siquiera que desmontarlo, tan solo subirlo al remolque. 

-Colócatelos, que el gasoil mancha mucho -sugirió David al ofrecerme unos guantes de silicona que sacó de una caja dispensadora.


Y fue entonces como, entre David y yo -Pedro, debido a su edad, estaba algo limitado en movimientos aunque también hizo sus indicios por ayudar- alzamos el voluminoso recipiente al remolque.

Tras el esfuerzo, David se alejó y abrió una de las puertas de su vehículo. Al cerrarla, entre sus manos, portaba una botella de vino.

-Y como es de bien avenidos ser agradecidos, te llevas esta botella- expuso con una sonrisa.

Para mi asombro, él me obsequiaba con un botella de vino "Aimarez". Una bodega de la localidad alavesa de Labastida.

Yo agradecí el gesto y, una vez de despedirme de la singular pareja, comencé a deambular por las calles del municipio riojano para continuar hablando con más lectores. Porque... ¿quién sabía lo que me iban a deparar las siguientes puertas?

Tal y como indica el título de esta entrada, son cosas que solo podían ocurrir en La Rioja.




"Dos caminos divergían en un bosque
 y yo tomé el menos transitado;
y eso lo cambió todo"

Robert Frost





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