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martes, 18 de noviembre de 2014

Vivar del Cid

Cartel promocional
Con ese viento desagradable, un frío burgalés propio del mes de noviembre; a las seis y media de la tarde, parecía que en Vivar del Cid fueran las cuatro de la madrugada. Ni un alma en las calles, domingo por la tarde y chimeneas encendidas en los hogares colindantes al "telecentro" del municipio.

Las múltiples hojas de los árboles se mecían, y, crepitaban esas numerosas gotas de lluvia palmoteando por doquier. Movidas, a su vez, por un impertinente y gélido aire insidioso que se inmiscuía insistente por cualquier recoveco olvidado.

A lo lejos, en la ciudad de Burgos, una densa columna de humo grisácea con matices propios del amoníaco, ayudada por el viento, se alejaba de la ciudad perturbando a los municipios de los arrabales y desalojando barriadas. La fábrica de Campofrío seguía ardiendo desde la mañana anterior.

Los habitantes de la localidad no eran ajenos al terrible suceso. Nuestros oídos escuchaban las vespertinas conversaciones propias y connaturales al desastre, en uno de los mesones mientras asían nuestras manos unos cafés bien calientes que expulsaban volutas de agradable humo.

A pesar del escenario descrito, minutos antes de dar las 18:30 horas, nos encontramos con Ana Isabel, editora de Balnea. Ella siempre, con su sonrisa inherente y optimismo propio, ofrecía algo más de luz a aquellas horas de la tarde. La editorial, junto con la colaboración de la Diputación de Burgos, organizaba el evento propio de los encuentros literarios "un pueblo, un libro, una historia".

Una vez en el lugar, preparamos el equipo en una confortable estancia caldeada y acogedora. Pronto, antes siquiera de empezar, la puerta de entrada se abría alternativamente e iban entrando los "audaces" asistentes.
Algunos asistentes

Entonces fue Ana la que me presentó como escritor de la editorial y yo comencé a hablar sobre mi experiencia en esto del escribir y de la manera de llegar a los lectores, desde mis comienzos con esta aventura.

Siempre resulta muy grato hablar de mis obras a gente que ha decidido acercarse al evento y dejar a un lado, al menos por unos días, esto de tocar timbres.  Conté la penosa circunstancia que supuso en mi caso, el hecho de quedarme desempleado y la decisión contundente de escribir novelas y llegar a la gente con los medios que tuviera a mi alcance. La acogida, por parte de los valientes asistentes, fue magnífica y, desde aquí, quiero agradecer.

Con Beatriz

Tras la charla, se formularon preguntas respecto a la forma tan atípica de llegar a la gente, también se habló, a parte de literatura, de música y de músicos que se movían de manera también poco convencional para llegar al público. Recuerdo que se hizo referencia a un página que lleva por nombre "pon un cantautor en tu salón".
Dejo el curioso enlace:

http://ponuncantautorentusalon.wordpress.com/

Descubrí, después del Taller, que Beatriz y Melisa, no siendo de Vivar, leyeron uno de los carteles distribuidos por la localidad y decidieron acercarse a ver qué es lo que por allí se iba a contar.
También conocí a familiares de Timoteo Riaño (Doctor Catedrático en Lengua y Literatura) que dedicó su vida académica a estudiar el Cantar del Mío Cid y en 1998 publicó tres obras que recogen todas sus minuciosas investigaciones.

¡Resultaba todo tan fascinante!

Sin duda, contra todo pronóstico, fue una calurosa y gran acogida, propia del buen carácter castellano. Una experiencia única que recordaré. Me llevo buenos momentos y buenas charlas con personalidades muy interesantes.
Momento de la firma

Ante días invernales, desapacibles y totalmente desmoralizadores, la buena actitud de gente que quiere encontrarse rodeada de gente, de conocer nuevas historias y de experiencias esquivas, hace que a uno se le vayan olvidando las adversidades para comprometerse, aún más si cabe, con su propio trabajo de escribir, y de entablar conversaciones con auténticos desconocidos que muestran un carácter afable ante las pretensiones de todos aquellos que quieren hacerse un hueco, de alguna manera, en esta coyuntura muchas veces tan férrea y contundente.

En fin, una experiencia digna de ser contada.
Desde aquí quiero agradecer a los asistentes del Taller de Vivar del Cid por su apoyo, así como a Ana Isabel como editora, a Esther como coordinadora del evento...

Por mi parte, el camino continua. Inmerso en mi quinta novela, promocionando mi última obra "agua", voy encontrándome con personalidades dispares que según sea el contexto, el carácter propio o la disposición a la escucha, me harán más o menos caso. Esto lo descubriré, por descontado, en cuanto las próximas jornadas se vayan cumpliendo. No hay duda.
Cinco mil, sí, es una cifra interesante que muy lejos estaba en mis comienzos. Hoy simplemente queda mirar hacia el futuro, desde este pináculo novedoso que ha descubierto mi caminar y eleva mis pies sobre un horizonte próximo por descubrir.

Gracias, Vivar del Cid.

"La vida no debe ser una novela que se nos impone, sino una novela que inventamos"
                                                         
                                                       Friedrich von Hardenberg, Novalis



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