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lunes, 26 de febrero de 2018

Música y literatura tras los umbrales

Una vez de hace algún tiempo, toqué un nuevo timbre en uno de los pasillos de uno de los pisos de cualquier edificio que estructuran la ciudad de Vitoria. 
Pasaban los segundos y, en aquel silencioso pasillo, solo se escuchaban los rabiosos ladridos de un perro tras la puerta. Pero, ignorándolos de la manera más demencial, mi dedo quiso volver a tocar el timbre. ¿Quién lo sabía? quizá hubiera alguna persona en el interior. Quizá fuera un nuevo lector. 

Antes de presionar oí una ruda voz que dijo lo siguiente:
- Ni se te ocurra. 

Mis oídos escucharon esas palabras, pero el índice, con su inercia, ejerció la presión para alterar el orden que marcaban los insistentes ladridos. 
Nadie abrió. Nadie. Así pues, decidí salir de aquella planta para probar suerte en las inferiores, pero fue entonces, al alejarme varios metros, cuando se abrió la puerta. Un joven alto, melenudo y desaliñado, aferraba el collar de un pastor alemán, que continuaba con sus ladridos escandalosos. 

- ¿Qué es lo que vendes? -exclamó una autoritaria voz.
- Nada -expliqué-. Soy Sergio, un escritor que está promocionando su última novela... -creo que el joven, entre los ladridos, pudo escuchar mis palabras. 
- Pues yo soy músico y no voy tocando a las puertas para presentar mi trabajo- esas palabras aulladas que sobresalían de los rabiosos gruñidos de su cánido me lo confirmaron. Allí nada tenía que hacer. Por lo que entendí, el joven era un creativo con mentalidad cerrada. A veces sucede que me encuentro con personalidades similares y mi experiencia me lo dice cada día más claro: era una puerta cerrada. Una más. 

Músicos, pintores, escritores y creadores hay muchos tras las puertas, pero por fortuna no todos se muestran tan herméticos y es por ello por lo que continué con mi andadura. 

Sé que si me encuentro con una persona creativa es muy probable que quiera escuchar mi historia. 
Y.., así fue, en Vitoria, semanas más tarde. 

A Fran le pillé creando, tal y como me hizo saber al abrir la puerta. No obstante, su actitud se alejaba infinitamente de la del músico anterior. Al saber que un escritor promocionaba sus libros de aquella manera, escuchó con gran atención mi relato. Tanto lo hizo que decidió al fin adquirir un ejemplar dedicado a su nombre. Fran quería saber más. Hablamos, y lo hicimos durante largos minutos en un nuevo edificio, a la vez que me obsequió con uno de sus cd´s dedicados. Fran toca en el grupo musical Kubers y nada más abrir la puerta, escuchar mi relato y comenzar a hablar, entendí que se trataba de un joven creador con mentalidad abierta. Siempre sucede. Siempre. Hay veces que el viento sopla en contra, pero también las hay que nos incita a continuar hacia adelante. 

Ni siquiera sé a qué demonios sonará la música del primer creador que configura esta entrada. Sin embargo, desde aquí os animo a todos a escuchar las canciones de Kubers.

¡Son geniales!


Por otra lado, quiero contar lo siguiente que me ocurrió en la ciudad de Bilbao porque me marcó de forma notable. 
Kepa no es músico, ni siquiera es escritor, quizá no sea creador, pero cuando me abrió la puerta aquella tarde de la semana anterior; al entender que era un escritor el que había llamado su puerta, él me escuchó con gran atención. El hombre hojeaba el libro ¿Y por qué no? con sus manos. Asentía, a su vez, con movimientos de su cabeza, mientras asimilaba mi relato. 
Según me dijo, no podía adquirir uno de mis ejemplares. No había problema. Al menos, conocía mi proceder. Al menos, aceptó una de mis cartulinas impresas y era probable que echara un vistazo a este blog. Supongo que es un buen paso dado en una buena dirección. 

La puerta se cerró con lentitud y yo continué presionando los timbres de sus vecinos. Aún recuerdo que nadie más abrió en aquella planta. Así pues, decidí salir de allí. Pero, cuando en esto estaba, escuché una voz a mis espaldas. 

-Sergio- dijo- acércate -se trataba de Kepa-. Ven, acércate, que te voy a regalar un libro - Kepa me ofreció tres chocolatinas de una bolsa que acababa de abrir, mientras masticaba la suya. 
-¿He dado con un escritor?
-No -rio-, pero tengo una biblioteca y quiero que elijas uno de los libros y te lo lleves. 
Yo no daba crédito a lo que escuchaban mis oídos, pero, dado que la tarde estaba siendo un tanto tediosa, decidí entrar con Kepa y sus lentos movimientos, en su piso. Una vez allí nos dirigimos al salón para manosear sus ejemplares.
-Elije el que prefieras -me instó. 
Observé los libros, había de todo. Los toqueteé y me decidí por "Mujeres" de Charles Bukowsky. 
- De acuerdo, pero quiero trocarlo con uno de los míos y te lo dedico. 
Kepa sonrió. Me miró. 
-A no. Entonces te llevas dos- Yo no paraba de sonreír. No había remedio. Tenía que aceptar su propuesta - Te aconsejo éste: "¿Quién quiere ser millonario?" de Vikas Swarup.


Una vez dedicado el ejemplar a Kepa y con los dos volúmenes en mis manos, nos dirigimos al recibidor y allí nos despedimos. 

-Me has dejado muerto al saber que eras un escritor que te promocionas de esta dura manera- Kepa me lo hizo saber una vez más. 
-Hablaré de esto en mi blog. 


Y, así es. Sobre este océano, creado por ingentes cantidades de negativas, hay veces que hallas esos "noes" que se unen a él. También con "sies" que te animan a continuar, pero siempre con grandes experiencias que merecen la pena ser vividas. 



No sé el nombre del primer músico. Quizá no importe demasiado. Pese a ello le doy las gracias, así como a Fran y a Kepa, por hacer más sólida esta historia. 



"Si me caí es porque estaba caminando, 
y caminar siempre vale la pena, 
aunque te caigas"

Eduardo Galeano






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