lunes, 1 de julio de 2019

"Sé que me ves" en Santutxu y más

Hace ya unos cuantos días cuando, en torno a un café y en una de las cafeterías del barrio bilbaíno de Santutxu, entablamos, Ainara y yo, una conversación con Sergio Iglesias. 

Sergio, como periodista del periódico Santutxu y más, había leído de antemano mi novena publicación, "Sé que me ves", editada por Tandaia

Y de esa charla surgió este buen reportaje que aquí os presento y que sirve de excusa para crear una nueva entrada y hacer hincapié en este recorrido que se sustenta sobre la base de miles de lectores-protagonistas.

[...]A través de este apremiante relato puede que en la cabeza del lector comience a erigirse la siguiente cuestión: ¿Merece la pena seguir el discurso tan neurótico, individualizado y colmado de miedos que, día tras día, nos empeñamos en crear?

Se trata de una novela en la cual he querido ficcionar viajes de metro a la ciudad de Bilbao. Podría, tal y como se indica en el reportaje, haber transcurrido la trama en cualquiera de las ciudades que pueblan el globo. Pero me apeteció escribir sobre escenarios que de sobra me son conocidos y que han cambiado drásticamente con el paso de los años. Y es algo que desde hace tiempo me viene fascinando. El cambio es tan brutal, así como creo que duros son los capítulos del libro. Y, tal y como esperaba, las primeras críticas tras su lectura, me van viniendo de todos lados. Es lo fascinante de la literatura. En ocasiones es preciso meter el dedo en la llaga y ver reacciones.


Tal y como hablamos en su día, creo que es un tema que no debemos soslayar de ningún modo. En mi opinión, se debe hacer reflexión sobre él. Y mucha. ¿Es cierto que lo correcto es seguir los dictámenes de rutilantes pantallas que logran asenderar nuestras vidas o, por el contrario, es preferible detenernos un momento ante tal vorágine de información y establecer preferencias?  

Supongo que la respuesta la tenemos nosotros mismos, en nuestras propias manos.

Porque también y, hablando una vez más de literatura, se puede decidir entre la satisfacción que supone obtener un millón de "likes" en una red social, o el placer de acomodarnos en nuestro rincón predilecto en pleno silencio para leer un buen libro. Sí, de esos que pesan, de esos que huelen, de esos que acariciamos con las yemas de nuestros dedos para escuchar el transcurso de sus páginas... La decisión, como decía, es nuestra. 

Seguro que algunos recordaréis el accidente de París en enero de este 2019. A mí, las palabras del padre de la fallecida hablando a la cámara, se me clavaron como alfileres en la conciencia:

"En brazos en la calle, pidiendo ayuda, ayuda y, la gente, qué poco corazón, 
con el puto móvil en las manos, 
grabando y nadie se dignó en dar ayuda a ese hombre",
 ha explicado José Luis Sanz, padre de la española fallecida en París.

Quiero pensar que se trata de un caso extremo. Sin embargo, queda muy claro que la tendencia nos impulsa a actuar cada vez más de este modo. 
Solo hay que acceder un día cualquiera al metro de cualquier ciudad, sonreír y decir en alta voz: "Buenos días". Las reacciones de los pasajeros deberían hacernos reflexionar.
Porque es evidente que algo y muy gordo nos está ocurriendo como sociedad... 

Desde mi punto de vista, hoy, más que nunca, es necesario que la creación artística tenga más en cuenta estas cuestiones, no solo en el ámbito de la escritura, sino también en el del cine, artes plásticas, música, el teatro y un largo etcétera.



"Utilicémoslos, sí. 
Pero con sentido común.
 Porque son prácticos y muy útiles. 
Pero, por Dios, que no nos dominen"

S.H. López-Pastor





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